Domingo 24 de Junio del 2018

     




Los países con más ataques terroristas no están en Europa

23/07 12:00

A pesar de que reciben mucha mayor atención, los ataques terroristas fatales en Occidente representaron nada más el 2,5% de todos los cometidos en 2016, mientras que el 75% se concentra en diez países que no pertenecen al Viejo Continente. En este contexto es más que válido preguntarse ¿qué es terrorismo? ¿Quién y cómo decide qué actos son “terroristas”? ¿Varía esa definición en función de quiénes son los atacantes, las víctimas o el lugar en que se comete el acto?

          

Westminster, Manchester, London Bridge, Finsbury Park… En lo que va de 2017 el Reino Unido ha sido objeto de varios ataques de alto perfil calificados de terroristas por las autoridades. Lo cierto es que existe la percepción de que Europa es cada vez más blanco de más atentados.


Francia, por ejemplo, durante la semana conmemoró el primer aniversario del ataque con un camión que dejó 87 muertos durante la celebración de su fiesta nacional en Niza.

Y en el recuerdo también están los atentados con bomba en el metro y aeropuerto de Bruselas de marzo de 2016, así como el ataque contra un mercado navideño de Berlín con el que se cerró ese año.

Las últimas cifras publicadas por la base de datos Global Terrorist Database, sin embargo, confirman que, desde el punto de vista estadístico, este tipo de incidentes no deja de ser una rareza. Efectivamente, si se considera todo el año pasado, los ataques mortales en Occidente solamente representaron el 2,5% de todos los que cumplieron con los tres criterios de esa base de datos: 

• Tener motivaciones políticas, sociales o religiosas.

• Estar diseñados para enviar un mensaje a una audiencia mayor más allá de las víctimas inmediatas.

• Estar fuera de las actividades de guerra internacionalmente reconocidas.

Y el 71% de las 34.623 personas que murieron en 2016 como producto de ataques que cumplieron con esos criterios se concentraron en cuatro países: Irak, Afganistán, Siria y Somalia.

Top 10

Es probable, sin embargo, que muy pocos recuerden el atentado en el distrito de Karrada, Bagdad, que dejó 382 muertos durante el Ramadán del año pasado, el más letal de 2016.

Eso, a pesar de que esa cifra más que duplica a los muertos sumados por los ataques de Bruselas, Niza y Berlín, antes mencionados: 134, incluyendo a los perpetradores.

“Esos ataques (en Occidente) siguen siendo una minoría, una muy pequeña minoría de los ataques que vemos”, dice Erin Miller, directora de programas de la Global Terrorism Database.

“Obviamente, reciben mucha atención porque son inusuales y figuran en las noticias, mientras que Medio Oriente se pierde un poco en el paisaje”, le dijo Miller al programa The World de Public Radio International, el que es producido en colaboración con la BBC.

Y las cifras recopiladas por esta iniciativa del Consorcio Nacional para el Estudio del Terrorismo y Respuestas al Terrorismo nos recuerdan que la mayor parte de estos ataques se producen lejos de nuestra mirada.

Así, el 75% de todos los “ataques terroristas” registrados por la base de datos se concentró en diez países: Irak, Afganistán, India, Pakistán, Filipinas, Somalia, Turquía, Nigeria, Yemen y Siria. Y -según al menos una experta- ese 75% podría incluso ser un subestimado, pues la Global Terrorism Database sistemáticamente excluye los incidentes que no son reportados por los medios.

Estado Islámico y los demás

“Los números varían mucho dependiendo de donde se obtienen los datos y en qué idioma”, le dice Mia Bloom, profesora de comunicación de la Universidad Estatal de Georgia.

Y, para alimentarse, la base de datos utiliza fundamentalmente noticias en inglés así como las traducciones de medios extranjeros facilitadas por el Open Source Center -un producto de la CIA-, lo que podría suponer un sesgo hacia Occidente.

Aun así, lo cierto es que en 2016 Irak fue de lejos el país que más sufrió por el terror, pues ahí se registró el 35% de las muertes por ataques a nivel mundial: un promedio de 33 diarias. Y seis de los diez ataques más letales también, todos reivindicados por el autodenominado Estado Islámico, grupo que se consolidó como el más activo a nivel global, con un total de 1.430 ataques.

En Afganistán, sin embargo, también opera el Talibán; en Nigeria, Boko Haram y en Somalia, al Shabaab, entre otras organizaciones.

Pero para recordar que no todos los ataques clasificados como terroristas tienen a grupos islamistas como protagonistas, en los países del Top 10 también operan grupos independentistas como el PKK, en Turquía o el Ejército de Liberación de Balochsitán, en Pakistán.

Y el tercer lugar ocupado por India es en buena parte resultado de los 126 atentados con bomba perpetrados el año pasado por grupos maoístas.

¿Etiqueta?

Las palabras “terrorista” y “terrorismo” son usadas casi todos los días: por los medios de comunicación, por los políticos, en nuestras conversaciones cotidianas. Pero su aplicación rara vez contenta a todos.

Por ejemplo, muchos denuncian que actualmente la etiqueta se aplica casi sin cuestionamiento en los ataques perpetrados por musulmanes, pero tiende a evitarse cuando sus protagonistas son occidentales.

Y esa acusación se repitió después del ataque cerca de la mezquita de Finsbury Park, aunque las autoridades británicas solamente tardaron ocho minutos en calificarla de ataque terrorista.

Justificada o no, esa crítica plantea sin embargo preguntas relevantes: ¿Qué es terrorismo? ¿Quién y cómo se decide qué actos son llamados “terroristas”? ¿Varía esa definición en función de quiénes son los atacantes, las víctimas o el lugar en que se comete el acto?

Lisa Stampnitzky, profesora del Departamento de Política de la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido, habló sobre estas cuestiones.

Especialista en terrorismo, guerras y derechos humanos, Stampnitzky ha estudiado los intentos fallidos por lograr una definición consensuada de terrorismo y es autora del libro “Disciplinando el terror: cómo los expertos inventaron el ‘terrorismo’”.

En cuanto a qué es el terrorismo hoy, Stampnitzky dijo que “es una etiqueta que se aplica a algunos tipos de violencia y no a otros. Y la forma en que esa etiqueta se aplica es política y socialmente construida. De modo que la etiqueta de ‘terrorismo’ suele definir actos violentos que son interpretados como ilegítimos, cometidos por ‘otros’ y que, de alguna manera, tienen una connotación política”.

Con respecto a si hay una forma de definir el terrorismo “de manera objetiva”, la especialista sostuvo que es “escéptica sobre este punto. No es que no sea posible llegar a una definición objetiva. Y no quiero decir que quienes propusieron esas definiciones no fueran objetivos. Sobre lo que soy escéptica es sobre que una definición ‘objetiva’ pueda seguir siendo objetiva cuando se lleva a la práctica. 

Porque la forma en que la etiqueta terrorismo es utilizada en la práctica es política, se usa como una etiqueta de aprobación moral y esto nunca puede ser consecuencia de un juicio estable y objetivo”.

Sin embargo, “es importante entender que el mismo concepto de terrorismo es algo que ha cambiado mucho a lo largo del tiempo. La forma en que vemos el terrorismo hoy como algo cometido por actores no estatales, como algo esencialmente ilegítimo, es una idea relativamente reciente. Si nos remitimos al pasado, el concepto de terrorismo viene del terror de la Revolución Francesa, es decir, del terror perpetrado por el Estado.

“Solo en décadas recientes el terrorismo se ha entendido como violencia cometida por actores no estatales y la violencia cometida por el Estado ha sido excluida de la idea de terrorismo”.

Aplicación política del término

En torno a la utilización del término “terrorismo”, Stampnitzky sostiene que “hay varias cuestiones. La primera y más obvia es que como etiqueta es aplicado a menudo por los Estados u otros actores políticos para calificar a la violencia ejercida por grupos o individuos que son percibidos como sus enemigos u opositores. Sin embargo, otros tipos de violencia objetivamente parecidas no son calificados como terrorismo si son llevadas a cabo por grupos aliados de esos mismos Estados.

“La segunda forma en que el concepto de terrorismo es político la vemos cuando nos fijamos en el tipo de ataques contra civiles que son calificados como terrorismo. Existe la idea de que el terrorismo se refiere a violencia política. Pero algunos tipos de violencia son catalogados con mayor facilidad como ‘violencia política’ que otros. De hecho, la decisión misma de qué es político y qué no, no es una cuestión objetiva. Depende de la idea de poder”, aseguró la especialista.

Al respecto y como ejemplo de lo mencionado, dijo que se debe mirar en la práctica, “cualquier ataque que tenga una conexión con los musulmanes será fácilmente calificado de terrorismo. Porque está extendida la idea de que hay un conflicto político en marcha entre Occidente y el mundo musulmán.

“Por otro lado, actos de violencia que también son ataques sobre civiles, pero que son cometidos, por ejemplo, por hombres contra mujeres, o contra personas gays y lesbianas, o incluso contra los musulmanes, no van a ser necesariamente calificados como terrorismo. Y parte de la razón que explica esta diferencia es que ese tipo de ataques es menos probable que sean catalogados como ‘violencia política’. En cambio, se racionalizan como si fueran obra de una aberración individual”.

Consecuencias

El tipo de utilización del término tiene muchas consecuencias para  Stampnitzky, “primero diría que hay una consecuencia en relación al tipo de violencias que son percibidas como amenazas a la nación en su conjunto. Y esa consideración supone que deben ser tenidas en cuenta de forma muy seria y combatidas con contundencia.

“En este sentido, el hecho de que en estos momentos en Estados Unidos y Europa la violencia cometida por individuos con vínculos con grupos islamistas sea interpretada como terrorismo implica que ese tipo de violencia se coloca en el punto más alto de la agenda de seguridad de esos países.

“En cambio, otros tipos de actos violentos como, por ejemplo, los tiroteos masivos en Estados Unidos son percibidos como un problema, pero no como una amenaza principal para la seguridad nacional.

“Algo similar sucede con la violencia contra las mujeres, que también es un problema constante, pero no es vista como una amenaza a la nación. O los actos de violencia cometidos por supremacistas blancos que tienen como objetivo a los musulmanes o a personas de color. Eso es visto como un problema, pero no una amenaza importante para la seguridad nacional.

“La consecuencia de no nombrar a estas violencias como terrorismo es que no exista una estrategia nacional general para combatirlas o prevenirlas.

“Hay quien señala que el término ‘terrorista’ se usa con mayor rapidez en función de quiénes son las víctimas. Hubo críticas en este sentido en dos casos recientes: el último ataque de Londres en que las víctimas fueron musulmanes y el reciente ataque en Portland que dejó dos musulmanes muertos... ¿Influye la religión, el origen o la clase social de las víctimas en cómo nombramos ese tipo de actos?

“Por supuesto, porque hay ideas políticas y culturales comúnmente aceptadas sobre lo que es el terrorismo y estas ideas nos condicionan a la hora de interpretar la realidad.

“Esto significa que hay ataques que encajan más en la imagen colectiva de lo que es el terrorismo que otros. Y en estos momentos, esa imagen en Estados Unidos y Europa se refiere ampliamente a los actos violentos cometidos por árabes o musulmanes.

“Por tanto, los ataques que encajan en esa descripción serán catalogados rápidamente como terrorismo mientras que los que encajan menos en ella será menos probable que sean calificados de terrorismo”, sintetizó la especialista.

Terrorismo, medios y política

Otro planteo que surge con respecto al término “terrorismo”, es si tanto los medios como la política abusan del mismo, a lo que Stampnitzky  respondió que el mismo “asume que hay un significado correcto de lo que es el terrorismo. Y desde el momento en que no hay consenso sobre ese significado correcto es difícil decir que los políticos y los medios de comunicación abusan o utilizan mal el concepto. Pero lo que sí podemos decir es que la forma en la que el concepto es aplicado no es en absoluto objetiva y que los políticos en realidad aplican el término de maneras que se ajustan a sus ideas políticas particulares.

“Y en los medios de comunicación, sin generalizar, algunos aplican el término de formas que están histórica y culturalmente condicionadas.

Definiendo terrorismo

El terrorismo es un concepto difícil de consensuar, cambiante y, a menudo, polémico. Hasta el punto que la comunidad internacional no llega a ponerse de acuerdo en cómo definirlo.

La Unión Europea, por ejemplo, plantea algunos elementos básicos para calificar un acto de “terrorista”: que “sea cometido con la intención de intimidar a la población”, que busque “condicionar de forma indebida a gobiernos y organizaciones internacionales para que realicen o eviten realizar cualquier tipo de acto” o que "desestabilice o destruya de forma grave las estructuras políticas, constitucionales o sociales de un país o de una organización internacional”.

Sin embargo, cuando se bajan a la realidad, esos elementos supuestamente claros dejan de serlo al quedar en manos de quién los aplica.

La BBC, en sus guías editoriales, apunta: “la palabra ‘terrorista’ puede ser en sí misma una barrera para ayudar a la comprensión. Deberíamos trasladar a nuestra audiencia las consecuencias completas de ese acto y describir qué sucedió”.

Con respecto a si las coberturas mediáticas pueden contribuir o hacer el juego a los objetivos propagandísticos de los “terroristas”, Stampnitzky fue tajante y respondió que “sí” y lo fundamentó diciendo que “esto sucede de dos formas. La primera es que es sabido que a menudo las personas o los grupos que cometen actos de terrorismo lo hacen en parte porque quieren obtener una amplia repercusión mediática. Ese es uno de los objetivos de sus actos. Y cuando estos acontecimientos son cubiertos de una forma especialmente sensacionalista, la cobertura ayuda a ese objetivo.

“La segunda forma es que cuando los medios de comunicación cubren actos de terrorismo cometidos por musulmanes o por grupos islamistas en particular, en ocasiones lo hacen de una forma que puede contribuir a los intereses de esos grupos.

“Lo que quiero decir en este punto es que grupos como Estado Islámico y Al Qaeda tienen una ideología que se basa en parte en la idea de que existe una oposición esencial entre el mundo musulmán y el mundo no musulmán. Y uno de sus objetivos políticos es fortalecer esa oposición y eliminar lo que EI llama la ‘zona gris’, que es la idea de que la coexistencia de musulmanes y no musulmanes es posible.

“Lo interesante es que esto es reproducido por algunos de columnistas políticos de la extrema derecha en Europa y Estados Unidos, que también argumentan a favor de un choque de civilizaciones entre el mundo islámico y Occidente. Y cuando los medios informan sobre violencia terrorista respondiendo a esta narrativa, según la cual existe una guerra generalizada en marcha entre el mundo musulmán y el mundo no musulmán, esto sirve a los propósitos de los grupos que cometen esos actos”.

Finalmente, Stampnitzky comentó que no diría que los medios no cubran los hechos terroristas, sino que “esperaría que fueran quizá un poco más reflexivos sobre la forma en que cubren estos actos. Especialmente cuando los actos de violencia se enmarcan como parte de un choque de civilizaciones, en ese tipo de narrativa que creo que es extremadamente problemática y dañina”.

Fuente: bbc.com

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