Domingo 22 de Julio del 2018

     




Jugando con fuego

12/08 12:14

La escalada verbal que se dio en la última semana entre Donald Trump y Kim Jong-Un lleva a pensar hasta cuándo continuarán con las amenazas y si alguno está realmente dispuesto a pasar a la acción, lo que sin dudas desataría una conflicto armado sin precedentes en la región, incluso si no se utilizan armas nucleares. Págs. 2 y 3

          

Pareciera que el presidente Donald Trump no quiere recurrir a la vía diplomática. Así como un día declara que la expulsión de miembros de la Embajada de Estados Unidos en Rusia en respuesta a sanciones fue algo bueno “porque reduce la nómina”, otro día amanece con una advertencia tuitera para Corea del Norte.


“Las soluciones militares están listas en caso de que Corea del Norte actúe de manera imprudente”, fue la respuesta del mandatario a las amenazas de Pyongyang de bombardear Guam, territorio estadounidense en el Pacífico, las que surgieron después de que el mismo Trump amagara con desplegar “fuego y furia” sobre Norcorea. 

Las autoridades norcoreanas entonces declararon que el mandatario estadounidense está “despojado de la razón y solo la fuerza absoluta puede funcionar con él”.

De ser así y de llegar el momento en que ambos bandos dejen de hablar, el interrogante que preocupa es si alguno está realmente dispuesto a cumplir con sus amenazas. De llegar a pasar la delgada línea de las amenazas a la acción, las consecuencias serían simplemente desastrosas.

Un poco de memoria

En la península de Corea ya hubo una guerra. Fue en 1950 cuando el entonces líder norcoreano, Kim Il-sung, abuelo del actual mandatario Kim Jong-Un, decidió invadir a su vecino del sur.

En ese entonces Estados Unidos intervino para repeler la invasión y el conflicto, que duró tres años, causó grandes pérdidas materiales y humanas.

Hoy, más de seis décadas después, las tensiones en la península son más fuertes que nunca.

Kim Jong-Un continúa desafiando a la comunidad internacional con sus pruebas nucleares y amenazas, tanto a sus vecinos como a Estados Unidos.

Esta semana, el régimen norcoreano dijo que tomará “medidas estratégicas despiadadas, incluidas acciones físicas” en respuesta a las sanciones económicas que aprobó Naciones Unidas por el programa nuclear de Pyongyang.

La respuesta del presidente Donald Trump fue otra amenaza: Corea del Norte “se encontrará con un fuego y una furia nunca antes vistas” si los norcoreanos vuelven a amenazar a su país.

Algunos expertos creen que Corea del Norte podrá, dentro de los próximos tres años, disparar un misil capaz alcanzar la ciudad de Los Ángeles, en California.

¿Cómo sería hoy en día un enfrentamiento en la península cuando las mayores potencias nucleares del planeta tienen intereses en la región?

La primera invasión

La guerra coreana comenzó  cuando las entonces superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, se estaban dividiendo el mundo después de la Segunda Guerra Mundial.

Los soviéticos se habían quedado con el control de la parte norte de la península y los estadounidenses con el sur.

El 25 de junio de 1950, Corea del Norte, apoyada por la Unión Soviética y China, invadió al Sur. Y Estados Unidos envió a sus fuerzas para ayudar a Corea del Sur a repeler “la invasión de los comunistas”.

Con la ayuda de Washington, Seúl, capital surcoreana, fue recuperada en dos meses.

Pero entonces China, alarmada con la decisión de Estados Unidos de movilizar a sus fuerzas hacia el norte para perseguir la reunificación de la península, intervino en el conflicto. Entonces todas las partes comenzaron a hablar de usar armas atómicas y bombas nucleares.

Pronto, lo que empezó como una batalla para reunificar Corea amenazó con convertirse en una tercera guerra mundial nuclear.

Tres años después, el conflicto llegó a un callejón sin salida y, sin ningún acuerdo, lo único que quedaba en la región era una enorme destrucción.

“Hubo unos tres millones de coreanos muertos, 100.000 huérfanos, unos diez millones de desplazados y una completa devastación”, le dice a la BBC Sue Terry, exanalista de la Agencia Central de Inteligencia de EEUU (CIA, por sus siglas en inglés) de asuntos de Corea y profesora de la Universidad Nacional de Seúl.

“Pyongyang quedó totalmente destruido. Ni un solo edificio quedó en pie”, agrega.

El 27 de julio de 1953, las dos partes deciden firmar un armisticio diseñado como medida temporal para asegurar el cese total de las hostilidades. Hoy, 64 años después, ambos países siguen técnicamente en guerra.

Con las crecientes hostilidades en la región, y las tensiones entre el líder norcoreano  y el presidente estadounidense, algunos expertos creen que bastaría un error de cálculo para reanudar esta guerra.

“La zona desmilitarizada (que divide a ambas Coreas) es una de las áreas más fuertemente armadas del mundo", le dice a la BBC David Maxwell, coronel retirado del ejército de Estados Unidos y analista del Centro de Estudios para la Seguridad de la Universidad de Georgetown.

“El Norte tiene un ejército con 1,1 millones miembros en servicio activo y el 70% de las fuerzas están desplegadas entre Pyongyang y la zona desmilitarizada”, explica Maxwell, quien ayudó a planear una respuesta estadounidense para una potencial segunda invasión de Corea del Norte al Sur.

El Ejército norcoreano, dice el experto, “es enorme, tiene unos seis millones de miembros en sus fuerzas de reserva. Creo que es el cuarto ejército más grande del mundo”.

Error de cálculo

Maxwell considera que las recientes pruebas nucleares de Corea del Norte y sus lanzamientos de misiles incrementan cada vez más las probabilidades de un ataque preventivo de Estados Unidos.

“Si Kim Jong-Un piensa que se está preparando uno de estos ataques en su contra, podría ordenar a sus comandantes que inicien una guerra. Los comandantes norcoreanos tendrían órdenes de desatar todo el fuego de su artillería y provocar el mayor daño y destrucción posibles en Corea del Sur. En las primeras horas habría cientos de miles de disparos de proyectiles y lanzamientos de misiles contra el Sur, principalmente dirigidos a Seúl”, dice el experto.

Y sólo tomaría unos minutos para que esos proyectiles llegaran desde el norte hasta Seúl. Con 25 millones de personas en la capital y el área metropolitana no sería una tarea fácil movilizar a los habitantes hacia áreas protegidas.

“Las proyecciones de víctimas al inicio del combate indican que podría haber 64.000 muertos solo el primer día de una guerra”, afirma David Maxwell.

“El nivel de sufrimiento que esto provocaría es algo que no podemos imaginar”, agrega.

El objetivo de Pyongyang, tal como en 1950  cuando no esperaban que Estados Unidos acudiera a ayudar a Seúl, sería movilizar sus fuerzas hacia Corea del Sur y obligar al gobierno a firmar la paz y permitir la unificación de la península bajo control del Norte.

Esta vez, sin embargo, no hay duda de que Washington está totalmente dispuesto para intervenir de inmediato en el conflicto, con la excusa de ayudar a Seúl.

Los refuerzos

“Estados Unidos no permitiría en absoluto que los norcoreanos tomaran el control de Seúl”, le dice a la BBC el profesor Bruce Bechtol, del Departamento de Estudios para la Seguridad y Justicia Criminal de la Universidad de Angelo State, en Texas, Estados Unidos.

“En la primera semana del conflicto nuestros pilotos no van a poder dormir mucho”, afirma Bechtol, quien fue uno de los principales analistas de asuntos del noreste de Asia del Pentágono.

“Nuestra tarea inicial sería utilizar toda nuestra potencia aérea para impedir que (los norcoreanos) avancen, mientras esperamos que llegue el armamento pesado a la región”. Los aviones de combate, explica, se encargarían de bombardear a las fuerzas norcoreanas mientras se redoblan los refuerzos de la maquinaria militar estadounidense en la región.

Según Bechtol, en los primeros minutos del ataque norcoreano, se enviaría a la zona el vasto arsenal estadounidense que está diseminado por el mundo.

Desde Japón hasta Texas se enviarían barcos de guerra cargados con tanques, camiones, vehículos blindados, artillería pesada y todo el material de guerra que se necesitaría para la misión.

Reunir todo este equipo militar en la península coreana podría tomar hasta tres semanas, y ese sería un momento decisivo en el conflicto.

“Los norcoreanos solo tienen entre dos y tres semanas de suministros, como municiones, alimento, combustible, etc., para librar una guerra”, asegura Bechtol.

Así, explica el experto, el plan de guerra norcoreano debe ser cumplir todos sus objetivos en ese corto período de tiempo, porque después de eso se les acabaría el sustento, incluidos los alimentos para más de un millón de soldados norcoreanos.

Una vez que el arsenal estadounidense llegara a la región, su misión sería repeler a las fuerzas norcoreanas, lo que no sería una tarea fácil, dice Bruce Bechtol. El ejército norcoreano hoy en día es once veces más grande de lo que era durante la guerra de 1950. Pero aún así, no existe ninguna duda de quién saldría victorioso.

Sin embargo, una vez que las unidades norcoreanas comenzaran a colapsar bajo el ataque de las fuerzas estadounidenses, las cosas podrían tornarse desastrosas. La guerra podría convertirse en un conflicto nuclear.

“Cuando Kim Jong-Un y sus cerca de 5.000 allegados de la elite norcoreana que lo rodea se den cuenta de que tienen poco tiempo para salir del país, no tendrían ninguna razón para no usar misiles nucleares y eliminar a varios cientos de miles de estadounidenses”.

“Y ese es el escenario más probable en el que usaría el tipo de misil que los norcoreanos probaron hace unas semanas”, asegura el experto de la Universidad de Angelo State.

El uso de armas nucleares sería el comodín en esta guerra. Pero incluso si no se utilizan, una guerra convencional en esta región no tendría precedentes y veríamos una enorme pérdida de vidas.

“Te voy a dar las cifras probables: entre 300.000 y 400.000 muertos en la primera semana, tanto civiles como militares”, dice Bruce Bechtol.

“Y quizás unos dos millones de muertos después de tres semanas”.

Pero este no sería el final. Porque en un escenario semejante, no se le permitiría al régimen norcoreano continuar y, a diferencia de la primera guerra, en este conflicto se buscaría la reunificación de la península.

La transición

El período más complejo y caótico en este conflicto, afirma Balbina Hwang, profesora de política y economía asiática de la Universidad de Georgetown, sería la etapa de transición.

“Y no podemos saber si Corea del Sur, por sí misma, podría ser capaz de manejarla”, afirma la experta, que trabajó en el Departamento de Estado estadounidense y ha estado analizando las consecuencias inmediatas de una guerra.

“Estamos hablando de entre 60 y 70 millones de personas que intentarían movilizarse. Recordemos que la mitad de los 50 millones de surcoreanos vive actualmente en Seúl y su área metropolitana. El instinto humano es huir de los bombardeos y los proyectiles. Y a eso hay que añadir los cerca de 20 millones de norcoreanos que supuestamente serían ‘liberados’ y que también estarían desplazándose hacia el sur. Entre ellos habrá gente desesperada, hambrienta y aquellos que han sido entrenados para combatir y que estarán dispuestos a sobrevivir de cualquier forma”.

Por supuesto que, como se vio tras la guerra de 1950, ambas Coreas fueron reconstruidas. Y Corea del Norte, bajo el régimen más hermético del mundo, ha logrado sobrevivir.

Balbina Hwang cree que, a largo plazo, sería posible que ambos países lograran la reunificación. Lo que es más preocupante, dice, son los efectos a corto plazo.

“El niño promedio surcoreano de cinco años es 9 cm más alto que el niño promedio norcoreano de cinco años”, afirma la experta.

“No hay duda de que habría enormes diferencias: los norcoreanos son más bajos, más delgados, pero lo que es más importante, es que la malnutrición afecta el desarrollo, tanto físico como mental y emocional. Así que no solo estamos hablando de medidas, estamos hablando de 20 millones de personas que durante 70 años no han logrado desarrollarse tanto como sus vecinos del sur”.

Y la experta concluye: “Esto tendría inmensas consecuencias en el momento de tratar de reunificar a estos dos pueblos que alguna vez fueron una sola cultura y una sola sociedad”.

Este escenario, por supuesto, no incluye la posibilidad de que China o Rusia, decidieran intervenir en esta guerra. De manera que, ante la pregunta de cómo sería una nueva guerra en la península coreana, solo una cosa es cierta: sería espeluznante.

Fuente: bbc.com


Por qué atacar Guam 

Los 165.000 habitantes de Guam están en el punto de mira de la beligerante retórica de Kim Jong-Un, quien estaría considerando atacarla con misiles. Así, esta pequeña isla del Pacífico ha pasado a estar en el centro de la escalada de tensiones entre Corea del Norte y EEUU.

¿Pero por qué el régimen de Pyongyang la eligió como foco de su enfrentamiento?

En primer lugar, porque es territorio estadounidense, aunque con un estatus especial. Se trata de un territorio “no incorporado”, lo que implica que sus ciudadanos no pueden participar en las elecciones, aunque sí tienen la nacionalidad y un delegado sin derecho a voto en la Cámara de Representantes.

Pero además, porque es una piedra clave de la estrategia de Estados Unidos en el Pacífico. Allí Washington cuenta con una base naval, en el sur, y otra de las fuerzas aéreas, en el norte, que fue utilizada durante la guerra de Vietnam. Ambas bajo el mando de la Región Conjunta de las Marianas.

Como medida de protección, EEUU tiene estacionado allí el sistema antimisiles Thaad (en inglés Terminal High Altitude Area Defense). Además, cerca de un tercio del territorio de la isla está bajo control del ejército estadounidense y sus 6.000 soldados estacionados en ella.

Esto da una medida de la importancia estratégica de Guam: desde allí, EEUU puede acceder rápidamente a las dos Coreas y al Estrecho de Taiwán en caso de que haya una escalada de tensión. Pero lo que la hace atractiva también la convierte en vulnerable ya que está solo unos 3.500 km al sureste de Corea del Norte, lo que la sitúa en el rango de sus misiles de medio o largo alcance.

Otro motivo por el cual la isla es estratégica es porque mientras Estados Unidos tiene que pedir permiso a Corea del Sur y Japón en caso de querer aumentar su poderío militar en la zona, algo que puede ser lento, desde Guam puede proyectar su poder de manera inmediata, aseguró Robert F. Underwood, presidente de la Universidad de Guam y exdelegado de la isla en la Cámara de Representantes.

“Cada vez que hay ruido de sables en esa parte del mundo, Guam es siempre parte”, le dijo Underwood al Washington Post, diario que reportó que dos bombarderos B-1B Lancer llegaron a la isla desde Dakota del Sur durante la semana pasada para volar junto con surcoreanos y japoneses.

A finales de julio, además, despegaron varios aviones de guerra desde Guam como respuesta a la segunda prueba de un misil balístico intercontinental llevada a cabo por Corea del Norte.

Ahora, Washington planea trasladar a miles de soldados desde Okinawa a Guam como parte de un realineamiento global de su ejército.

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