Uno de los cambios más destacados que trajo consigo la Segunda Guerra Mundial fue la plena incorporación de la aviación al mundo bélico.
Su uso durante la Primera Gran Guerra fue mucho más tímido y limitado, pero permitió ver el carácter decisivo que desde entonces habría de tener como instrumento de guerra.
Por esa razón el Tratado de Versalles (1918) establecía la expresa prohibición para Alemania de producir o poseer aviación militar.
Esta prohibición no sería respetada por los nazis a su llegada al poder y así, un día como hoy pero en el año 1935, Adolf Hitler ordenó a su ministro del Aire, Hermann Göring, rehacer formalmente la aviación de guerra alemana.
Ésta, conocida como Luftwaffe (“Arma Aérea” en alemán), se convertiría en uno de los cuerpos de aviación militar más poderosos del mundo.
La Luftwaffe, a través de las principales empresas aeronáuticas del país, diseñó y construyó miles de aviones a una media de casi 15.000 aviones anuales mientras que, en total, antes y durante la Segunda Guerra Mundial las industrias alemanas construyeron cerca de 86.000 aviones, de todas las formas, modalidades y usos.
Después de septiembre de 1939, Polonia, Francia y, particularmente Gran Bretaña y Rusia percibieron a la Luftwaffe como la más mortífera de las fuerzas armadas alemanas.
Después de la derrota en la Segunda Guerra Mundial (1945), la aviación alemana quedó considerablemente reducida y la aviación militar fue prohibida totalmente de nuevo.
La Luftwaffe fue disuelta oficialmente en agosto de 1946 por la Comisión Aliada de Control.