POSADAS. Dicen que todo pasa. Y al parecer lo mismo sucede con la tradición de tomar en ayunas tres tragos de caña con ruda para empezar agosto. Al menos es lo que se percibe entre los vendedores más antiguos de esta “preparación” que se fue imponiendo en la región con el propósito de “espantar los males” y poder transcurrir sin problemas el mes considerado como el más “difícil” del calendario.Uno de los puntos donde la caña con ruda se concentra es el Mercado Modelo “La Placita”. Varios metros antes de la entrada ya se percibe el aroma a ruda macerada, mezclada con otros olores característicos del lugar. El puesto 234, de Ramón Velázquez, está literalmente decorado por unos voluminosos gajos de esa planta. El hombre sigue a rajatabla la costumbre que había instaurado su madre, Felipa Velázquez, desde que comenzó a funcionar La Placita, hasta su muerte, el año pasado. “Sigo con la misma tradición que ella impuso. Abría la caña -adquirida a distribuidores locales-, cortaba una rama de ruda y la colocaba dentro de la botella unos días antes del primero de agosto. La preparaba dentro del mismo puesto, en momentos en que no había tantos clientes, porque no cuesta nada, es una cosa fácil”, comentó mientras batía el líquido dentro de la botella, explicando el preparado.Agregó que lo más recomendable es que sea la caña común o blanca, porque la ruda “le quita el sabor. Por eso no hace falta que sea whisky u otra caña de calidad. La ruda puede ser cualquiera. Acá tengo de las dos clases, la hembra y la macho, que es de hoja grande, que cortamos de plantas que tenemos acá y en el Paraguay”. De acuerdo a la experiencia de Velázquez, a la gente le gusta más la ruda macho “porque es más fuerte, más potente para alejar las malas ondas. Se mata los malos vicios, la mala suerte. Se dice que para llegar a alcanzar el año que viene, hay que tomar tres tragos de caña en ayunas”. Pero reconoció que llega un punto que la cuestión se tergiversa y “hay quienes siguen más de la cuenta y dicen que hay que tomarla todos los días de agosto”.Admitió que los clientes prefieren comprarla preparada y que el movimiento comenzó, de manera tibia, a principios de semana, pero están “los que dejan para adquirirla en el día, a último momento. Saben que viene acá y siempre tenemos en honor a Doña Felipa”.Secundina Acosta es otra de las que entiende en la materia. Mientras se disponía a cerrar el puesto que desde hace 40 años atiende en el mercado, explicó que “solía vender bastante”, pero “este año todavía no empecé. Quizás me traen, pero está muy caro y la gente ya no suele comprar como antes”. Al explicar la preparación precisa, indicó que lo ideal es “hacerla dos o tres días antes. Lavamos bien las dos hojitas, las secamos y luego las colocamos en la botella de caña común del Paraguay. Pero para que sea mas rica hay que ponerle dos o tres cucharas de miel de abeja en la botella chiquita, porque es para un día nomás”.Confió que “la tomábamos para no contagiarnos de la gripe, los primeros días de agosto, y los primeros días de octubre cocinábamos el yopará. La idea era pasar los meses de agosto y octubre, que son los más ‘pesados’. Desde mi suegra, que vivió hasta los 115 años, hasta las criaturas de un año, les daba una cucharita”.A su entender, la tradición se va perdiendo: “A la gente ya no le interesa tanto, no cree más y no la compra. Antes solía vender mucho, ahora casi nada. El año pasado vendí solamente una cajita que tenía 24 unidades de caña. El movimiento era durante todo el mes, pero la época más movida comenzaba a partir del 15 de julio. La tradición está desapareciendo, como muchas otras cosas de nuestra época”, lamentó.
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