Hace unos meses visitamos un sitio maravilloso, situado entre Europa y Asia. Comencé a caminar por la ciudad, utilizando mis limitados conocimientos de geografía e historia.Como si fuera una película los datos empezaron a desfilar en mi mente, Bizancio, Constantinopla, Nueva Roma, hasta llegar a como se la llama hoy, “Estambul”. La que tiene siete colinas como Roma, que fue una de las primeras ciudades del mundo en tener universidad, y es una de las metrópolis más bellas del mundo. Con estos pensamientos paseando, mirando de un lado a otro, observando, tomando té con pastelitos de hojaldre relleno de pistacho y miel, comiendo pancitos con semillas de sésamo se pasó la mañana.Era medio día, con mi esposo nos sentamos en la plazoleta frente a la mezquita azul, y de la nada comienza una voz fuerte a navegar por el aire, por arriba de todos los ruidos de autos y del bullicio de la gente. En cada sílaba se sentía la respiración, las pausas, las inflexiones del espíritu del hombre que daba vida a las estrofas. Parecía un humo de silbidos que salían desde los altavoces del minarete de la mezquita.La mayoría de los que escuchábamos éramos extranjeros y no entendíamos las palabras, pero podíamos disfrutar la cadencia de los versos, del sonido que viajaba tocando los corazones de quienes estábamos en la zona. El espíritu de cada uno se encargaba de separar lo religioso de la mística.El planeta tiene zonas donde los seres humanos eligieron o eligen para vivir y desarrollar una civilización, y así, se va tejiendo una trama energética de información, es como una biblioteca en el éter. Estambul tiene la suya, y los sentidos interactúan con esta trama, de mil olores, sabores y sonidos. Se moviliza una energía emocional inconsciente, sensaciones que provocan un redescubrimiento de nuestro propio cuerpo como “energía vibrante”, un autodescubrimiento en integración personal.La música étnica y contemporánea se mezcla y activa las memorias más profundas de nuestro cuerpo liberando espontáneamente sus energías creativas, sanadoras,En otras palabras se produce de forma natural un estado de expansión de la conciencia. “El presente contiene a todo tiempo”.Cuando cuento las vivencias de los viajes, siempre utilizo mi hemisferio derecho para ir más allá, es el hemisferio de la poesía, el que interpreta los códigos del amor, con él se abre la puerta de lo indefinible. Y el alma escucha la música que no se percibe por el oído, ni es cantada por los labios.Los sonidos que surgen de lo invisible te rodean y lentamente te abrasan, incluso pueden tocarte y volverte uno con lo invisible.Y comienza el verdadero viajeComenzarás a ver, a escuchar con los ojos y los oídos del alma y descubrirás lo invisible, la realidad sin nombre, la cortesía espiritual en cada persona, en cada ser, en cada sitio que poses la vista, en todo momento.Cada viaje es una oportunidad de purgar los conceptos equivocados que se tiene de otras culturas, religiones, la forma que tienen de ver y sentir la vida, purificar el corazón y convertirte en un verdadero visitante, interactuando compartiendo.Puedes utilizar esta guía para hacer el viaje1. Puedes hacerlo caminando o sentada2. Dejas la razón y la lógica descansando3. Comienzas a prestar atención al momento presente, sin juzgar.4. Solo observa y siente, no juzgues5. Todos los pensamientos que se te presenten, los dejas viajar, no te entretengas en ellos.6. Es normal que aparezcan las ideas, comparaciones, sigue observando la realidad que tienes delante, y pasas a ser testigo de esa realidad.7. Siempre muy conscientePaz y bien.Colabora: María Benetti Meiriño. Autora de libros y guía para meditación. [email protected]
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