Existen dos grandes grupos: las uveítis infecciosas y las autoinmunes (o no infecciosas). Las infeccionas son difíciles de diagnosticar pero su tratamiento es más rápido, mientras que las autoinmunes son más complejas a la hora de tratarlas y pueden volverse crónicas. Dependiendo de a qué parte interna del ojo afecte se subdividen en: anterior, intermedia, posterior y panuveítis. Si no es diagnosticada y tratada a tiempo, puede generar complicaciones como cataratas, glaucoma, desprendimiento de retina, atrofias del nervio óptico e incluso ceguera. Por eso, es de vital importancia el reconocimiento de los principales síntomas, para llegar a la consulta y a un tratamiento precoz. A nivel global, entre 20 y 50 personas en el mundo por cada 100 mil habitantes tienen uveítis. Si bien no existe un registro que certifique la cantidad de afectados en nuestro país, si se extrapolan estos datos globales serían cerca de 20 mil personas. "En Argentina no existen estudios sobre incidencia y prevalencia de la enfermedad. Es difícil realizar este tipo de estudios, en todo el mundo hay solo tres estudios de este tipo, dos en Estados Unidos y uno en Finlandia" enunció Cristóbal Couto, jefe de la sección Uveítis del Hospital de Clínicas José de San Martín y Miembro del Grupo Argentino de Uveítis (GAU). "El Grupo Argentino de Uveítis, del cual formo parte, está trabajando en este sentido. Uno de nuestros objetivos es realizar un estudio multicentrico epidemiológico de las uveítis en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores", añadió Couto.Entre los principales síntomas se encuentran la "disminución de la visión, ojo rojo, fotofobia, visión de flotadores o neblinas en el ojo, y dolor en el globo ocular" enumeró Pablo Franco, Médico del Servicio de Uveítis del Hospital Oftalmológico Santa Lucía y Miembro del Grupo Argentino de Uveítis (GAU). Por su parte, Couto añade: "Las dolencias de los pacientes con uveítis son variadas. Además de los síntomas oculares mencionados por el doctor Franco, debemos destacar síntomas no oculares como cefaleas, mareos, disminución de la audición, zumbido de oídos que pueden estar presentes en algunas entidades clínicas de uveítis, como la enfermedad de Vogt-Koyanagi-Harada".Pese a que las molestias del ojo son fácilmente reconocibles, la consulta a veces no es inmediata, lo que retarda el inicio del tratamiento cuando la inflamación ya está avanzada."Lo que sucede muchas veces es que si bien el paciente reconoce el malestar tarda en ir a la consulta con el profesional médico. Incluso, muchos acuden a un médico generalista, que lógicamente no está entrenado en esta patología, motivo por el cual el diagnóstico y tratamiento puede demorar su inicio",agregó Franco. "A veces se llega tarde a la consulta porque los síntomas pueden confundirse con otras molestias como ojo seco, conjuntivitis, o mismo cansancio y dolor de cabeza después de un día de trabajo", remarcó.En este sentido es importante el rol del paciente ya que "el hecho que la gente conozca los síntomas va ayudar a que cuando sientan alguna de estas molestias sepan que, más allá de la visita al médico clínico, debe consultar con un médico oftalmólogo, quien a su vez lo derivará con un especialista en uveítis" comentó Franco. "Si el paciente estuviera lo suficientemente informado podría acudir precozmente a la consulta y si es acompañado por su entorno, resulta más fácil mantener el tratamiento en el tiempo" agregó Couto.Fuente: NA
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