Aprender un idioma, además de la lengua materna, es beneficioso para la salud del cerebro, fue el eje de la nota anterior. En esta oportunidad, el objetivo es ofrecerles algunos conceptos sobre neurociencia, disciplina científica que estudia el sistema nervioso, con el fin de acercarse a la comprensión de mecanismos que regulan el control de las reacciones nerviosas y comportamiento del cerebro.
En los últimos años, la neurociencia hizo un aporte importante a la educación, sobre todo a los docentes que se han formado en esta disciplina. Incluso, se logró demostrar científicamente que, en el aula como en la vida, se incorpora conocimiento al hacer, experimentar y, en especial, emocionarnos. Justamente, una de las principales herramientas de la neurociencia es la emoción y generar un ambiente propicio para el aprendizaje, a eso tenemos que apuntar los docentes.
La neurociencia propone que una clase comience con algo provocador, que podría ser una frase, un tema musical o una imagen que movilice a los alumnos. Emplear la neurociencia para enseñar un idioma es muy útil porque el docente tendrá elementos para conectarse con el alumno.
La neurociencia además sugiere que el docente reaprenda su forma de educar y encuentre la manera de que los alumnos quieran y puedan hablar. Entonces, la participación se puede conseguir al generar un clima tranquilo, entretenido y amigable, donde el niño se exprese.
Hace unos 30 años, los docentes eran muy estrictos y presionaban a los alumnos. A través de esta modalidad, muchos repetían lo expuesto por el docente y aprobaban el examen, pero luego olvidaban todo. Ahora, en cambio la neurociencia ayuda al docente en el proceso de escritura, lectura y desenvoltura en el aula. En resumen, lo que se busca es resignificar la manera de educar y la meta: que el alumno incorpore conocimientos para toda la vida.
Colabora
Julia Noelia Sosa
Profesora de Inglés con Diplomatura en Neurociencia Educacional y Aprendizaje.
watsap: 3764656248
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