Yuliana Aquino (27) cursa el cuarto año del profesorado en Educación Primaria en el Instituto de Formación Docente Paulo Freire, de Jardín América, y todos los días llega a clases en su silla de ruedas.
Está aferrada a este medio desde los catorce años, cuando una dolencia hizo que perdiera la movilidad de los miembros inferiores. Hubo ocasiones en las que quiso abandonar el objetivo pero el apoyo constante de sus compañeros de carrera y de su familia -Orlando Aquino y Lidia Kuzuk, y hermanos Yolanda (21) y Lucas (12), a la que considera un pilar, hizo que sus ganas y fuerzas no decaigan y que se encuentre a meses de celebrar el título.
Para mí es todo un logro. Ahora miro este sector que pertenece a primer y segundo año y no puedo creer que ya estamos en el último curso. Todo pasó muy rápido pero los desafíos que pasamos fueron numerosos. La pregunta siempre era ¿cómo voy a hacer? En segundo año éramos cuatro compañeros los que hacíamos prácticas juntos, ahora quedamos dos, Gabriela Ojeda y yo, con la que nos apuntalamos para llegar hasta el final. Es que llegan esos días que una ya no tienes ganas pero después ves todo lo que lograste y te volvés a animar, comentó.
Añadió que comentamos siempre que el cansancio es mucho porque hay que planificar todas las materias, ir a dar clases todos los días por la mañana, por la noche venir a tomar clases. Pero ves a los chicos en el aula y sentís que te gusta estar ahí, te dan ganas de seguir y de llegar hasta el final.
Aquino nació en Jardín América y en 1990, por razones económicas, su familia se radicó en San Lorenzo, Paraguay. Cerca de Asunción, la capital, hizo la primaria. A los catorce y de un día para otro, comenzó a perder fuerza en las piernas. Tras consultar con neurocirujanos detectaron un tumor en la columna. Enseguida fue intervenida pero en la operación los profesionales se dieron cuenta que era algo más complicado porque había tocado parte de la médula espinal. La quita fue parcial, y el diagnóstico fue de tumor intramedular. Hizo rayos y quimioterapia y fue recuperando de a poco la fuerza en las piernas pero dos años más tarde hubo un retroceso por la acumulación de líquido en la columna (hidrosiringomielia). La volvieron a operar, pero esta vez en Buenos Aires.
Con el tiempo fueron varias cirugías pero solamente para colocar catéteres con el fin de drenar. Ya no volví a recuperar la fuerza e intenté seguir con mi vida, recordó la joven, en medio del bullicio de sus compañeros. Terminó la secundaria en Paraguay y cursó dos años la carrera de administración de empresas.
Su padre decidió regresar a Jardín América, a sus pagos por lo que Yuliana empezó a viajar a Posadas para continuar sus estudios en el Campus Universitario de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) pero se le complicaba mucho asistir. En primer término, no me quisieron reconocer las asignaturas porque en Paraguay cursaba en una facultad privada y ya había rendido veinte materias. Así que acá tenía que empezar de cero. Además, implicaba viajar todos los días con mi mamá, en colectivo, con lluvia, con ómnibus que no se detienen, siempre con la excusa que los cupos estaban saturados, subir sin rampas. Era todo muy complicado, era muy frustrante.
Fue entonces que su familia le preguntó si quería seguir magisterio porque cuando cursaba el secundario, daba clases a mis vecinitos. Les dije que la situación sería difícil para asistir, para escribir en la pizarra. Pero me pidieron que intentara. Fue así que ingresó en 2015. Hice primer año, pasé bien todas las materias. Pero empecé segundo año, comenzaban las prácticas, quise abandonar pero seguí adelante con la ayuda de mis compañeros. Me apoyaron, me dijeron que no me iban a dejar, que intentara. Y así llegué a cuarto, agregó.
Movilizarse en un edificio sin rampas para discapacitados era complicado para Aquino. Cuando empecé a estudiar, acá no las tenían. Cuando voy a otras escuelas a veces se me complica, pero ahora la mayoría están dotadas de esos elementos, acotó.
Lidia, su mamá, es el respaldo constante. Es quien diariamente acerca con el auto a Yuliana hasta el Instituto, la que la lleva a las prácticas y la retira. Mi familia es mi pilar, gracias a ellos continúo, manifestó agradecida.
La futura maestra admitió que el hecho que los chicos me vieran así (en la silla) durante las practicas también era motivo de miedo. Las primeras veces preguntaba a los maestros si tenía que explicarles o no sobre mi discapacidad. Los docentes me decían que dependía de mí, que si los alumnos quisieran enterarse me iban a preguntar. Entonces, a veces les cuento y en otras ocasiones ellos mismos me preguntan pero lo toman muy bien, natural, me tratan como a mi compañera o a cualquier maestra. Cuando se te cae algo, se apuran para venir a pasarte. Es como que te sentís en un mundo lleno de amor, son corazones que no te hacen diferencia. Ya estuve con alumnos de segundo grado, de tercero, de séptimo, cuarto y ahora volví a tercero. Muchas veces la gente grande sí hace diferencias, pero los chicos son de otra forma.
Contó que en una de sus recorridas fue a observar una escuela rural de la localidad de Puerto Leoni. Me gustó el trato de los chicos, la manera en que se manejan, es totalmente diferente porque funcionan con grados acoplados. Tienen primero con segundo y tercero juntos. Y de cuarto a séptimo, en otro sector. Me gustó conocer y trabajar en un lugar así, sería una buena experiencia para más adelante. Faltaría vincularme con los chicos de las comunidades aborígenes y los adultos.
Sobre lo que vendrá después de recibir el título, dijo que si Dios me permite quiero dar clases particulares y si me llaman para estar frente a un aula, veré como hacer para trabajar y poder ser independiente. Siempre dependo de mis padres porque ser discapacitado también es económicamente caro. Una buena silla de rueda o adaptar un baño, implica cierto dinero.
Confió que dentro de su casa, soy independiente pero para manejarme por las calles cuesta un poco, siempre me acompaña alguien de mi familia. Al transporte público alguien tiene que ayudarme a subir, la silla es pesada, y todo te condiciona.
Construir las rampas fue de gran utilidad
Resolver la falta de rampas en el establecimiento fue el primer desafío para el director del Instituto de Formación Docente Paulo Freire, de Jardín América, Ramón Antonio Duarte, tras asumir, en mayo de 2015.
La institución carecía de rampas y teníamos una alumna -Yuliana Aquino- que comenzó a venir a clases en silla de ruedas. Ahora se encuentra en cuarto año, en la etapa de residencias, y a punto de recibirse, dijo, y recordó que la primera gestión que hicieron fue solicitar a la Municipalidad local que nos construyan la rampa lo más pronto posible. Una semana después vino la arquitecta, observó el lugar y envió a los obreros para que la edificaran a fin que la alumna pueda llegar hasta las aulas.
Explicó que se trata de una escuela que se construyó hace unos cuarenta años y los arquitectos no habían previsto la necesidad que tuviera rampa como debiera ser.
Atentos a esta situación, de manera frecuente tenemos una charla debate con profesores de la Escuela Especial 15 a fin de abordar junto a los alumnos las diferentes problemáticas con las que se encuentran los practicantes en las escuelas de nivel primario, a las que asisten chicos con diferentes tipos de discapacidad. En la sociedad se generó la conciencia de la necesidad de las rampas recién en los últimos años cuando en las ciudades bien organizadas hace muchísimo tiempo que eso se preveía.
Dijo que la obra facilitó mucho la movilidad de la alumna Aquino porque en algunos espacios había que alzar la silla de ruedas, y la lastimaba bastante. Cuando ella llegaba junto a su mamá, la ayudaba a circular y a llevarla y era bastante difícil porque había veredas muy altas. Y las clases se dictan todos los días, además de los recreos donde debe acudir hasta los sanitarios.
Duarte, egresado de la Universidad de La Plata, calificó a Aquino como una excelente alumna que está al día con todas las unidades curriculares. Aprobó todos los finales y ahora realiza la residencia junto a una compañera pedagógica en una escuela de Jardín América. Luego irán rotando por escuelas de otras características y modalidades, entre ellas, las interculturales bilingües.
A su entender, es un ejemplo a seguir para aquellas personas que ante un primer obstáculo abandonan una carrera, no se animan o, como digo, se ahogan en un vaso de agua. Ella es un ejemplo con su entereza, perseverancia y fuerza de espíritu, que la lleva a cumplir con el objetivo que se propone.
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