El Gobierno presentó esta semana un paquete de medidas con la actualización del Presupuesto, la segmentación de tarifas y una suba de tasas coordinadas entre Economía y el Banco Central (BCRA) con las que busca dar una señal a los mercados y actores económicos.
En ese esquema, también revisó la inflación proyectada a 62% para fin de año, 14 puntos más de los que había indicado el acuerdo con el FMI firmado en marzo, que marcaba un máximo de 48%.
Los supuestos mantienen el crecimiento del 4%, mientras que en términos del dólar, fuentes oficiales indicaron que se buscará que esté alineado al objetivo de acumulación de reservas. El tipo de cambio evitará los saltos bruscos.
En el Gobierno explican que se tomaron las medidas por el impacto del shock de la guerra y el Presupuesto busca registrar la estacionalidad del gasto por los mayores precios internacionales de energía.
En la ecuación con la suba de commodities alimenticios, las fuentes oficiales consideran que se netea el impacto de gastos e ingresos.
El rol del FMI
Las medidas buscan generar consistencia al programa económico para la baja de la inflación y fortalecer la acumulación de reservas.
Los anuncios llegaron ahora porque era necesario negociarlo con el Fondo Monetario Internacional: las metas anuales siguen pero las trimestrales cambian.
El directorio del Fondo analizará el acuerdo alcanzado entre el Gobierno y los técnicos del organismo el próximo viernes 24.
En lo acordado estarán las nuevas metas trimestrales para adelante y de lograr la luz verde, evitaría la necesidad de un waiver. La próxima revisión se espera para agosto/septiembre.
En la secuencia, había que lograr el acuerdo con el staff, para asegurar que no peligrara el programa financiero, que depende de los desembolsos del FMI.
La semana que viene vencen u$s3.800 millones y el segundo desembolso por u$s4.100 millones llegará después, pero el Central tiene los DEG suficientes para hacer frente al compromiso.
“Estacionalidad” es la palabra clave en los cambios que se negociaron con el Fondo y en el Gobierno consideran que el mayor impacto estará en este segundo trimestre, y en parte del tercero.
Por eso las metas anuales se mantienen: déficit fiscal de 2,5%, acumulación de reservas por u$s5.800 millones y el financiamiento monetario del 1% del Producto Bruto Interno (PBI).
Política monetaria
En ese marco, la política monetaria tiene que adaptarse al shock inflacionario, detallaron en el Gobierno sobre la medida de aumento de tasas en tres puntos del Banco Central, bajo el objetivo acordado con el FMI de que las tasas reales lleguen a ser positivas.
Además, apuntan a captar más ahorro público, mientras que el impacto en el financiamiento productivo aparece como marginal.
Por otra parte, en términos de reservas, el Gobierno espera que la mejora en las tasas genere incentivos para la liquidación de los exportadores en un contexto donde “la estacionalidad juega en contra” por la concentración de las compras de energía.
Además, se espera llegar a un acuerdo con el Club de París este mes, que permitiría ampliar el financiamiento bilateral, mientras que se mantiene la estimación de que los bancos multilaterales aportarán un 0,4%, aunque habrá retrasos.
Los u$s500 millones que se esperaban del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) este trimestre pasarán al próximo.
La modificación del Presupuesto fija prioridades de gasto que incluye los subsidios económicos en general y los energéticos en particular. El impacto previsto de la segmentación es una baja del 0,05% del PBI, muy por debajo del 0,6% del PBI que marcaba el acuerdo con el Fondo Monetario.
Por otra parte, para la meta del 2,5% de déficit del PBI, se estima que los ingresos crecerán por arriba del 60% mientras que el gasto avanzará un 59/60%.
El gasto de capital se mantendrá en línea con 2021, con una inversión de 1,6% del PBI de la administración nacional, que en general marcaba 2,2% del PBI.
Inflación y emisión
Uno de los ejes del mega programa a cumplir para llegar al objetivo de inflación del 62%, que se reconoce “ambicioso” es mantener el financiamiento en el mercado local, tras la corrida contra los bonos CER.
El índice CER es un coeficiente estabilizador de referencia que es calculado todos los días por el banco central, y que mide la inflación a partir del Índice de Precios al Consumidor. Los bonos CER entonces, son ni más ni menos que bonos que se ajustan por inflación.
Esta característica los hace sumamente atractivos para los inversores ya que aseguran una rentabilidad mayor o igual a la inflación medida por el CER.
El Ejecutivo analiza “opciones y variantes” y confía en el diálogo que tiene con el mercado.
En ese sentido, voceros de Economía destacaron que “hay que mostrar consistencia”, y remarcaron que en la última licitación, el Gobierno mejoró la tasa “en línea con lo que movió el BCRA”.