El hecho de haber perforado el piso del 5% en materia de inflación en noviembre fue considerado como un logro para el equipo económico. Es más, la consultora del actual secretario de Programación Económica, Gabriel Rubinstein, estimó que la variación mensual superaría dicho piso, pues la ubicaba en el 5,2%.
Según los datos oficiales, la “ayudita” a la baja la proporcionaron “alimentos y bebidas”, con un módico 3,5%.
Pero bien se sabe que en términos de inflación, cada mes que se inicia el contador se lleva a cero y vuelve a tomar impulso, en particular en algunos meses del año, como es el caso de diciembre, básicamente por cuestiones estacionales.
En tal sentido, por estos días, los datos que va recogiendo el elenco oficial son poco alentadores, pues los números consignan que la carne vuelve a subir, al igual que los productos derivados de la harina, y algunas verduras y frutas.
Las consultoras privadas estiman que el último mes del año el índice rondará el 5,5%, por lo que el número con el que se cerrará 2022 treparía al 95%, apenas por debajo de los tres dígitos que se presagiaban hace algunos meses.
La respuesta del equipo económico ante este nuevo desafío no se hizo esperar, pues no solo avanzó en varios acuerdos de precios en diferentes rubros, sino que también comenzó a observarse cierta desaceleración del ritmo devaluatorio, de cerca de un punto porcentual, con la intención de que a partir de enero no supere la cota del 4,5%, es decir en línea con lo que se aguarda en materia inflacionaria.
Al respecto, el economista Fernando Marull afirmó que “el aumento del dólar oficial de la última semana fue el menor registro desde septiembre”.
En contra en diciembre
El último mes del año se caracteriza por una elevada estacionalidad en materia de precios, precisamente a la inversa de lo que ocurre en noviembre, incluso con programas de contención de subas como el vigente actualmente.
En este caso, tendrán incidencia los fuertes aumentos que se están registrando en colegios, del orden del 14,5%, el 10% en telefonía, medicina prepaga con el 6,9%, sin olvidar la suba de los combustibles, que fue del 4%.
También están pautados aumentos en varios servicios regulados como electricidad, gas y transporte público urbano, todos ellos de dos dígitos.
Desde la consultora LCG consideran al respecto que “tomando en cuenta estos incrementos y la influencia de comportamientos estacionales, proyectamos una nueva aceleración en diciembre”.
Incluso el rubro alimentos que como ya se mencionara, jugó a favor en noviembre, ahora muestra un incremento del 3,4% en las últimas cuatro semanas -según la consultora antes mencionada- y 3,8% en la medición punta a punta.
Con estos datos sobre la mesa, y de mantenerse la actual tendencia, para esa consultora el número final se elevaría por encima del 5,5%.
Al igual que sus colegas, desde Econviews no descartan que “en diciembre la inflación vuelva a ser moderada, quizás empezando con 5, pero el 6 también es probable dada la alta estacionalidad del mes. De cara a lo que pueda ocurrir este mes, esperamos que la inflación vuelva a subir y se ubique en torno al 5,8%. Con esto, cerrará el 2022 en 96%”.
Para desazón del equipo económico que apuesta a una tendencia a la baja de la inflación, con una meta del 4% para abril, los analistas de LCG consideran que “el valor de diciembre deberá entenderse como un piso para el año que viene”.
“Un buen o mal dato para diciembre no cambia el escenario: seguimos previendo una inflación del orden del 100% para el 2023”, concluyen desde la consultora Invecq.
En lo que hace a los acuerdos firmados para tratar de estabilizar la inflación, desde Invecq sostienen que “un programa de congelamiento de precios por sí solo tendrá los ya conocidos efectos en Argentina: menos inflación a corto plazo, más inflación a largo plazo”.
Lo anterior se enmarca en un escenario en el que, a esta altura, ya parece una obviedad: que en 2023 se acumularán una serie de factores que le pondrán un piso a la inflación; como por ejemplo la menor oferta de insumos y productos importados que presionará sobre los precios, junto a una elevada emisión por parte del Banco Central.
El precio de la carne tuvo un rol fundamental
“Sin el impacto de la baja de la carne y las verduras, y ponderando el resto de los aumentos, la inflación de noviembre hubiese sido del 5,6%; mucho más en línea con lo que todos los consultores habíamos pronosticado”, dijo a Infobae el economista Ricardo Delgado, de Analytica, quien consideró que el gobierno “no debería enamorarse de este 4,9% porque va a ser una tasa difícil de sostener en los próximos meses”.
La carne siempre está en el centro de los planes de control de precios y de las restricciones a exportar para abastecer al mercado interno, aún cuando se trate de medidas de duración limitada en el tiempo. Este gobierno no fue la excepción, al punto que había puesto en su campaña electoral el “volver a comer asado”.
En cuanto al precio de la carne vacuna, su peso va mucho más allá del 5,45% de ponderación que el INDEC le asigna en el Índice de Precios al Consumidor del Gran Buenos Aires, que es a la vez el que más pesa (44,7%) en el cálculo de la inflación “nacional”.
Los memoriosos recuerdan el “índice descarnado” de la última dictadura. El ministro de Economía de entonces, José Alfredo Martínez de Hoz, llamó de esa insólita manera al índice de inflación que no incluía el precio de la carne, con aumentos muy superiores al resto de los productos. Para maquillar su impacto, en 1979 mandó a elaborar dos índices inflacionarios paralelos, el “descarnado” y el que incluía la carne (más alto).
Ahora la situación es la inversa: la baja en la carne es lo que más ayudó.