Tradicionalmente, el 4 de marzo se designaba como el “Día Mundial de la Obesidad“, pero desde hace unos años se ha transformado en el “Día Mundial contra la Gordofobia“, una iniciativa liderada por activistas gordas para poner fin a la estigmatización arraigada y propiciar la reflexión sobre los sesgos de peso en la atención en salud.
Aunque esta modificación puede generar controversias en el ámbito de la salud, es esencial abordar cuestiones que tienen que ver con la discriminación y la estigmatización.
En ese sentido, las intervenciones convencionales a menudo asumen que la adiposidad es la causa directa de morbilidad y mortalidad. Sin embargo, la relación entre peso y salud es más compleja. El índice de masa corporal (IMC), utilizado comúnmente para diagnosticar la obesidad, ha demostrado limitaciones que nos instan a desvincular la salud del tamaño corporal.
La visión pesocentrista, que sitúa el peso corporal como el indicador principal de salud y considera la gordura y la obesidad como términos intercambiables, ha sido objeto de críticas por su reduccionismo.
Desde la nutrición, se entiende que la salud abarca el bienestar físico, mental y social, y es vital superar la noción restrictiva de que la pérdida de peso es el único camino hacia la salud, promoviendo así una comprensión más integral del bienestar o el estar “sanos”.
También hay que considerar detenidamente la discriminación y violencia que experimentan las personas gordas, sobre todo las mujeres. Las burlas, el bullying y la patologización de sus cuerpos impactan profundamente en su bienestar psicológico, y sentirse señaladas o juzgadas por los profesionales que deberían acompañar sus procesos no contribuye positivamente a su salud integral.
Fuente: agencia Noticias Argentinas (artículo publicado originalmente en 2024)