Cuando buscamos por dentro lo que hay afuera puede ser un camino difícil. En cambio, si mirando desde afuera logramos identificar cada parte dentro nuestro, puede ser afortunado, esclarecedor, explicativo. ¿Pero, para qué?
Reconocernos parte de un todo puede contribuir al hecho de sentirnos, desarrollar sentido de pertenencia, lo cual conducirá posiblemente al reconocimiento de los mismos, de todo eso que tenemos dentro y también convive con nosotros por fuera.
¿Cómo hacerlo?
1. Vernos en los minerales que componen el suelo, reconocernos en sentimientos, actitudes y situaciones que devuelve los elementos a su estado primigenio, la composta, la digestión, lo detritívoro, los descomponedores, los hongos, los virus y las bacterias que, en un momento para otro, vuelven realidad lo que se recicla, lo que traemos todos, lo que nos componen y quien sabe, antes, ese carbono, nitrógenos y fósforo ¿formaron parte de quién?,
2. Vernos en el reino vegetal, dentro de los árboles ya que, al pararnos dentro de ellos, sobre sus raíces y debajo de sus ramas, delante de sus hojas en plena fotosíntesis transformando la luz en alimento y dejando eso disponible para nosotros, siendo luego nosotros los que nos alimentemos del sol, volvemos a reconectar con la vida que silenciosa crece en forma de bosques subterráneos, algas marinas, pinos centenarios, hierbas aromáticas, plantas medicinales y plantas maestras…ahí la vida vegetal generando mapas donde encontrarnos…y además de verla, tocarla, sentirla, comerla, usarla para vestirnos o construir nuestras casas…
3. Vernos desde el reino animal, identificando en los rostros de nuestros compañeros ¿a qué animal se parece? ¿Tal vez un coatí, un manguruyú, una mariposa, una especie extinta, al mejor amigo de los seres humanos, o un felino solitario? Reconociendo que ese animal que vemos tal vez también nos esté viendo a nosotros, nosotras, acechando desde la espesura de la selva o la profundidad de nuestro corazón, sabernos animales para otros, tomarlo con humor y dicha de poder reírnos de nosotros mismos, sabiendo que fuimos eso y mucho más, somos especies, poblaciones, y comunidades enteras que brillan como luciérnagas en verano, haciendo mágica cada noche, cada día…
4. Finalmente, y para afianzar y amalgamarnos, vernos a nosotros, nosotras, con los ojos del corazón, de la mente, del intestino, vernos y reconocernos en todas y cada una de nuestras inteligentes maneras de ser, accionar y reaccionar, nuestras maneras de brillar y oscurecer. Con la virtud y desasosiego…¿y para qué?, tal vez así sintiéndonos parte de un bello y complejo sistema, podamos brindarnos en amor y ofrecer los cuidados que cada uno de nosotros y nuestros pares necesita, para una vida plena, íntegra y regenerativa.
Antes de terminar y para integrarnos en la especie humana, junto con los demás reinos, llevar la atención al paso que damos, al ritmo en que respiramos, al perfume que llevamos nosotros y los demás seres humanos, animándonos a rozar nuestras pieles, sentir nuestros olores, calores y fríos, acompañar el ritmo en pasos fluidos que traigan una danza, ancestral, genuina, propia y de todos, de todas…reconectando con la vida que late en cada pétalo de flor en cada boca de volcán, en aletear de mariposa, en cada rugido del cielo.
*El presente protocolo surge de trabajo conjunto durante el Encuentro Intercontinental de Ecoaldeas en Cerro Corá (Misiones-Arg.) Reserva Regenerativa La Espiral, entre la Dra. Ángela Fontes1 formada en Terapia Sistémica Familiar en el Instituto Bert Hellinger de México-Alemania y la Mgter Anahí Fleck Neuropsicóloga creadora del Sistema Ecosanación.
https://www.colpos.mx/posgrados/psei/economia/maestria/integrantes-del-nucleo-academico/draangelafontes
Anahí Fleck
Magister en Neuropsicología. 0376-154-385152