POSADAS. Responsabilidad, horror y coraje. Esos tres conceptos volvieron a quedar plasmados ayer por la mañana en el inicio de una nueva jornada del juicio oral y público por la denominada “Tragedia del Paraná”, que investiga la responsabilidad de Hugo “Tyson” Alfonso (36) y el prefecutriano Jorge Lezcano (44) en la muerte de ocho deportistas en medio del río.Franco Bacigalupi, responsable de la Dirección General de Seguridad Acuática de Misiones y hermano de una de las víctimas; Gustavo Breitenbruch, referente de la natación provincial y ex organizador del cruce; y Orlando Krieger, uno de los héroes que tuvo el triste episodio, comparecieron como testigos ayer ante el Tribunal Federal Oral en lo Criminal de Posadas.Como PRIMERA EDICIÓN pudo atestiguar, fue Bacigalupi quien abrió la jornada alrededor de las 9 ante los jueces Norma Lampugnani, Lucrecia Rojas de Badaró y Mario Hachiro Doi. El profesor de educación física y ex nadador, recordó con dolor aquella mañana del sábado 16 de enero de 2010, cuando se enteró que Mauro, su hermano, se encontraba desaparecido.“Llegamos al puerto y estaba todo colapsado. Me di cuenta que Prefectura no tenía embarcaciones disponibles, así que pedí una a un conocido y a eso de las 11 salímos a recorrer el río”, rememoró.Bacigalupi y un importante número de posadeños formó parte del grupo de búsqueda conformado por civiles, que trabajó durante veinte días, hasta el hallazgo de los siete desaparecidos. Al respecto, dejó algunas consideraciones.Recordó, por ejemplo, que en al menos dos oportunidades se cruzó con una lancha de Prefectura con dos efectivos a bordo que se encontraban tomando tereré bajo una sombra. “Le informé a Lezcano y me dijo que esa embarcación tenía una avería, pero era mentira, porque un día se levantó un temporal y enseguida arrancaron y se fueron”, lanzó.Bacigalupi dijo que prácticamente no recibieron colaboración de PNA y que incluso la Policía provincial “trabajó mucho más” que la fuerza federal en la búsqueda y acompañamiento de los familiares.“Prefectura aprendió muchas cosas de los civiles, cómo nos organizábamos y todo eso”, sintetizó el experimentado hombre de río, quien luego agregó que en esa búsqueda se dio cuenta que “la mayoría de los efectivos de Prefectura que trabajaron en el hecho eran oficinistas y no tenían noción de rescate”.“Si me preguntan qué se hizo mal, yo digo que todo”, lanzó luego el testigo. “La Asociación Mercosur de Aguas Abiertas tuvo en 2006 una víctima, es decir que Alfonso tomó una organización que ya tenía un muerto”, recordó Bacigalupi en relación con el deceso de Javier Bucek (21), quien murió ahogado el 1 de abril de 2006 mientras colocaba una boya para el cruce de ese año.Sobre el final, el funcionario aseguró que, según lo que pudo saber, ese 16 de enero de 2010 “había alerta meteorológico” en Posadas. El abogado Juan Carlos Maggi, defensor de Lezcano, pidió entonces que se leyeran los informes climatológicos de ese día. Allí quedó en evidencia que entre las 10 y las 11 (el drama se habría desatado alrededor de las 10.20) se duplicó la intensidad del viento en la zona.Organización “a pulmón”Cerca de las 10.30 llegó el turno del micrófono para Gustavo Breitenbruch, conocido profesor de educación física e impulsor de la natación y otros deportes en la provincia, quien observaba la prueba fatídica desde una lancha y con un salvavidas circular logró rescatar a varios deportistas del agua.El hombre recordó que “Tyson” lo llamó el martes anterior a la prueba y le dijo que suspendería la prueba por falta de piragüas para los acompañantes. Sin embargo, ese jueves volvió a comunicarse por vía telefónica y le pidió que avisara a todos sus contactos que el cruce finalmente se realizaría gracias a la intervención del profesor León Seró, una de las víctimas. “Lo que necesitaba, yo colaboraba”, precisó Breitenbruch.Sin dudas, una de las partes más interesantes tuvo que ver con la explicación que brindó sobre los orígenes de la Asociación Mercosur de Aguas Abiertas. “Este evento se hizo siempre con el apoyo de padres, amigos y personas de la natación. En la década del noventa se hacían las competencias y se conformaban subcomisiones. Así aparecieron buenos nadadores que compitieron incluso a nivel nacional”, contó.Breitenbruch se refirió al trabajo “a pulmón” que se hacía en ese entonces y a cómo unos años después todo “fue muy triste” porque en determinado momento “nadie quería organizar aguas abiertas”.Ante esa situación, el profesor contó que en 2000 decidió hacerse cargo junto a la colaboración de algunos padres y colegas amigos. “Ahí comenzó a crecer, se expandió y en 2003 dimos un gran paso, que fue la creación de la Asociación Mercosur de Aguas Abiertas con dirigentes de acá, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y hasta de Paraguay”.El testigo recordó aquellos años como “épocas doradas” para ese deporte, hasta que en 2006 “otra vez nos quedamos como antes. Y ahí aparece Pedro González, que le pone el hombro, porque si no creo que ahí se terminaba”.Sin embargo, en 2008 ese dirigente decidió dar un paso al costado. Entonces le ofrecieron el cargo a Alfonso. “Hugo era una de las personas que siempre estuvo. A partir de ahí, él empezó a llevar adelante todo”, sintetizó.De regreso al triste desenlace del 80º Cruce, Breitenbruch recordó que “Tyson” había aclarado antes de la competencia que sería árbitro de la misma. Y también que cuando llegaron a Paraguay las condiciones eran buenas, pero “después que se largó, entre 10 y 15 minutos, apareció el viento, que no hubiese sido un problema si no hubieran estado ahí las barcazas”.“Este cruce nos entristeció a todos. Generó encuentros y desencuentros, pero perdimos todos. Perdimos gente muy querida. Tuve profesores que se fueron, amigos que se fueron, alumnos que se fueron. No los vamos a olvidar nunca”, fue la con
clusión del testigo ante el tribunal. Minutos antes del mediodía se despidió del recinto.Rescatado y rescatistaEl último de los testigos que declaró por la mañana fue Orlando Krieger, mencionado en más de una oportunidad a lo largo del debate por su heroico accionar que permitió salvar casi una decena de vidas.Krieger era “piragüero” de Fernando Solé Masés, otra de las víctimas, y aseguró como casi todos que “desde la largada nadie vio las barcazas”, hasta que la corriente los fue llevando lentamente a esa trampa.El testimonio de Krieger es dramático y hiela la sangre. “Había muchos nadadores y acompañantes, todos gritaban. Ahí vi a Fernando y a Federico que impactaban contra ese ‘embudo’. Yo venía atrás tragando agua. Fue una eternidad”.Pese al esfuerzo, Krieger no pudo escapar y la fuerza del agua lo llevó hasta cerca de la zona crítica. “En un momento dije unas malas palabras y me despedí. La cabeza me daba pero el físico ya no. Y entonces apareció una lancha verde de Prefectura que me lanzó un ‘circular’ con una soga. Primero no pude agarrarlo, pero a la segunda lo tomé apenas con un dedo, gracias a Dios”, relató emocionado.Ahí comenzó otra historia. El testigo contó que ya en la lancha se tranquilizó y comenzó a ayudar a los que estaban en el agua. Fue entonces que por el peso de los nadadores que intentaban salvarse, ese ‘circular’ que lo había salvado se cortó.En milésimas de segundo Krieger resolvió el problema. Se sacó su chaleco salvavidas y lo ató a una soga. Y ahí comenzó a rescatar sobrevivientes. “Era uno más del equipo, yo trataba de colaborar”, dijo con humildad, tras lo cual contó cómo salvó al palista Nahuel Molina (quien lo había reconocido desde el infierno y le gritaba “Polaco, salvame”) o a la nadadora Itatí Juañuk.“Era imposible salir traccionando con la propia fuerza de uno. Ni el jet-ski de Mauro pudo. Una cosa es contarlo y otra es verlo”, señaló uno de los héroes del Paraná. Y no se quedó en eso. Es que antes que la lancha emprendiera viaje a tierra firme, el testigo pidió que lo dejaran en un pequeño remolcador y desde allí se subió junto a dos prefecturianos encima de las barcazas. “Fue impulso, adrenalina”, recordó.Visiblemente emocionado, Krieger explicó que “después de todo lo que sucedió, traté de no averiguar mucho porque me afectaba”. La presidenta del tribunal, Lampugnani, le pidió disculpas por explorar en su memoria pero le hizo saber que era necesario para esclarecer qué pasó ese día en el Paraná. Krieger lo entendió y tras unas palabras más, abandonó el recinto al borde de las lágrimas.
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