Si aún antes de los discursos de los candidatos presidenciales se hubiese realizado una encuesta entre los asistentes al último Coloquio de Idea, que se llevó a cabo en Mar de Plata la última semana, seguramente por decantación las preferencias de voto se las habría llevado Mauricio Macri y en segundo lugar, Daniel Scioli. Dicho en términos electorales, sin balotaje.Entonados por la presencia de cuatro de los seis postulantes, los hombres de negocios votaron con sus aplausos, sus comentarios y sus actitudes, aunque observaron el notorio cansancio que expresaban los rostros de todos y especialmente destacaron la chatura general de los dos elegidos, ambos mucho más propensos al “síganme” que a explicar cómo se llega al Paraíso.En tanto, Margarita Stolbizer y Sergio Massa también dijeron lo suyo y a ellos se les reconoció algunas fortalezas parciales: la honradez a la dama y al de Tigre el valor de sus equipos de trabajo, pero no mucho más a la hora de expresar con sus gestos las predilecciones para el domingo 25. Pero, como entre millones de votantes, Idea nucleó apenas a 1.000 ejecutivos y dueños de empresas que finalmente no reflejan el sentir promedio de la opinión pública, lo atrevido del sondeo tiene que pasar necesariamente más por lo cualitativo que por lo numérico, para tratar de explicar por qué entre tantos dadores de empleo privado existen preferencias y descartes.Hubo sí un elemento general que unificó pareceres a casi el ciento por ciento, ya que casi todos creen que, con el nuevo Presidente en funciones, el mismo 10 de diciembre renacerá el diálogo político hoy quebrado por el populismo autoritario y que comenzará a desarmarse el esquema retrógrado que rige la economía argentina. Como se observa, ni Cristina Fernández de Kirchner ni Axel Kicillof han sido las personas más populares del Coloquio.Desde el punto de vista del diálogo resultó muy interesante el panel que convocó a cuatro gobernadores electos, tres por primera vez, ya que todos ellos marcaron el valor del consenso como característica de los nuevos tiempos en su relación con el gobierno central, sea quien sea quien llegue a la Casa Rosada.“Así lo van a marcar las fuerzas del Congreso”, pronosticó el mendocino Alfredo Cornejo, mientras que el santafesino Miguel Lifschitz señaló que hasta ahora las provincias han estado “sometidas” al poder central (“federalismo al revés”) y reclamó “protagonismo”, además de estimar que el diálogo se dará “en la misma mesa” con el nuevo Presidente.En tanto, el nuevo jefe de gobierno porteño electo, Horacio Rodríguez Larreta, planteó que durante los últimos ocho años, “el gobierno nacional no sólo no nos atendió el teléfono, sino que nos puso palos en la rueda, nos cortaron el acceso al crédito internacional y no hicieron una sola obra en la Ciudad, salvo el Centro Cultural Kirchner”.Por último, el gobernador peronista Juan Manuel Urtubey, quien ganó su reelección en Salta, planteó con todas las letras que “está claro que el escenario hacia el futuro será diferente y la idea es que todos podamos ser protagonistas, ya que cualquiera que llegue (a la presidencia de la Nación) deberá construir consensos para construir poder”.Y en cuanto a la economía, las críticas fueron muy recurrentes hacia la “paz de los cementerios” que ha tomado la forma de un plan “malévolo”, tal como lo describió un empresario que pidió guardar en reserva su nombre. Desde el ángulo técnico, no obstante casi todos reconocen que la situación actual es bien difícil, ya sea por “inoperancia” o por “maldad” de las autoridades para dejarle una “bomba de tiempo al que sigue”, pero también dicen que esta crisis “no es igual a la de 2001”.En tanto, el economista Miguel Kiguel graficó el problema como “un temblor” y descartó que la actual situación económica tenga características de tsunami. “Más que una crisis, la Argentina debe desatar un nudo gordiano formado por tres elementos: tipo de cambio real, los holdouts y las reservas del BCRA”, destacó el experto, coincidiendo también con el diagnóstico de los equipos técnicos de los tres candidatos principales.En su evaluación de la coyuntura, Kiguel explicó que el contexto externo “ha venido empeorando” y enumeró una serie de elementos domésticos que se han desmadrado: una economía que no crece desde el cepo; un nivel muy bajo de reservas que le quita “poder de fuego al BCRA para sostener un tipo de cambio que no sea alto”; un atraso cambiario “importante”; controles cambiarios, restricciones a la importación y tipos de cambio múltiples y un “déficit fiscal desmadrado”, con altos subsidios estatales y distorsión tarifaria. No obstante, destacó que al próximo gobierno lo van a ayudar tasas de interés externas muy bajas, que el mundo sigue creciendo pese a la desaceleración de China y de India y que los precios de las commodities aún son “razonables”. Pero, además, destacó que la Argentina posee un bajo nivel de endeudamiento, que al ser reducida también la deuda en dólares “facilita una probable devaluación” y que el sistema bancario “está saludable”.Más allá de estos dos temas de cambio seguro que se van a dar desde diciembre, llegue quien llegue a la Casa Rosada, en lo económico las diferencias entre los candidatos pasan más por el ritmo de resolución de los problemas (gradualismo vs shock) y en ese sentido, los empresarios tienen una visión más de llegar hasta el hueso rápidamente para que la rueda se recupere más rápido. Este es uno de los motivos por los que, en principio, prefieren a Macri, de quién también dicen que “entiende mejor al sector privado”.En cambio Scioli, pese a que se desgañitó para decir “yo vengo del lado de ustedes, vamos a cuidar lo que hay que cuidar, cambiar lo que haya que cambiar y corregir lo que haya que corregir”, es notorio que ante los empresarios tiene el lastre de aquello que expone junto a él la presidenta de la Nación cuando habla de las bondades de un modelo en el que nadie cree en Idea.“Esta transformación no se va a detener porque Daniel va a ser el presidente de los argentinos y va a continuar con esta gran obra que hemos iniciado”, pregonó Cristina. Esa obra a la que alude la Presidenta tiene como eje central la presencia elefantiásica del Estado, algo que los empresarios también han criticado frente a las narices del propio Scioli la noche de la inauguración del Coloquio.“Hemos expresado la necesidad de contar con un Estado fuerte y ágil, pero no omnipresente. Un Estado que tenga los recursos para llevar adelante sus funciones, pero que no ahogue ni pretenda reemplazar a la actividad privada”, expresó el titular de Idea, Ignacio Stegmann, a la hora de marcar territorio y de hablar de la "imperiosa necesidad de terminar con la confusión entre Estado y Gobierno".La dicotomía de la situación es tal que mientra
s en Idea todos hablaban del advenimiento del consenso y el mismo Scioli recuerda con toda razón que él es un “hombre de diálogo” y no de divisiones, la propaganda maniqueísta del Frente para la Victoria divide aguas señalando que hay “dos modelos de país” y refiere engañosamente que la propuesta de Massa y Macri “expresa el pensamiento neoliberal”, aunque no se sabe si por ninguneo o por picardía nunca dice qué hará Scioli.Todos estos signos de dualidad que muestra el oficialismo, que es lo que presumiblemente le impide al gobernador bonaerense traspasar el techo de votos que logró armar entre los fieles del kirchnerismo y sus propios votantes, divergencia que parece haber abandonado Urtubey a la hora de hablar ya directamente de cambios (“en Salta, podemos crecer muchísimo con reglas de juego distintas”), la exsenadora María Eugenia Estenssoro la llamó “esquizofrenia”.A la hora de movilizar al auditorio de Idea, la ahora “buscadora espiritual” describió la situación de modo entre provocativo y burlón: “comportamiento esquizofrénico es el caso de los empresarios que van a votar a Scioli y dicen que tomaron esa decisión porque hará lo contrario a lo que todos creen”.Justamente, esas reflexiones de Estenssoro sirvieron de broche de oro al plato fuerte del Coloquio, como fue el abordaje de un tema al que los empresarios le huyeron durante mucho tiempo: hablar del fortalecimiento de valores y discutir los comportamientos éticos en el mundo de los negocios. En ese sentido, una serie de intervenciones dispararon mucha autocrítica, aun la referida a la falta de decisión a la hora de defender a quienes fueron maltratados por los gobiernos kirchneristas durante esos años.En ese sentido, también Stegmann le pidió al Estado el mismo comportamiento: “Creemos fundamental que, quienes sean electos, lideren políticamente al país en la búsqueda de una Nación unificada y no dividida; institucional y republicana y no unipolar; una Nación ética, de valores”. Y en cuanto a este punto, cuando dijo que el Estado, ese mismo Estado idolatrado por el kirchnerismo que hoy se ha ido fuera de toda lógica, “debe ser la persona ética por excelencia”, habló indirectamente de la corrupción. Y Scioli tampoco acusó recibo.
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