No hay nada más frustrante para el hombre que equivocarse. Las consecuencias pueden ser muy serias y eso lo sometería a muchos problemas.Estas situaciones erróneas pueden influir en otras decisiones que tomemos en el futuro cargándolo de inseguridad y culpa. Por supuesto que debemos reconocer nuestros errores y no tratar de negarlos cuando nos damos cuenta de ello. Siempre debemos aprender de nuestras equivocaciones, porque eso nos hará humildes y prudentes en el futuro, para no volver a cometerlas. Por suerte, siempre será el hombre de acción quien esté más expuesto a la equivocación, que aquel que sólo se sienta y juzga. El error siempre nos acompañará porque forma parte de nuestra naturaleza como seres imperfectos, pero el solo hecho de corregirlo, nos hará mejores. La vida siempre nos pondrá en situaciones donde deberemos tomar decisiones y una equivocación puede estar presente, pero el error tiene un atributo que no posee otra acción que hagamos.En un error no puede existir la culpa, cuando no se tiene la intención de cometerlo, de otra manera, se transformaría en algo adrede, y ya no estaríamos hablando de algo fortuito sino de un hecho intencional y voluntario. Dentro de todas las cosas que hacemos en nuestra vida diaria, el error es algo puro, sin maldad, pero tampoco algo cargado de bondad, simplemente fue eso: un error. Es por eso que dicen que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” y tal vez tengan razón, pero lo único cierto es que en un tercer tropiezo esa persona recordará las anteriores situaciones y no volverá a equivocarse, y si lo hace, aún sabiendo que está mal, ya no sería un error sino algo que quiso realizar por propia voluntad. La vida no está trazada por caminos fáciles y la única manera de transitarla es tomando decisiones y afrontar sus consecuencias; que pueden ser satisfactorias o erróneas, pero en cualquiera de estos resultados, estaremos descubriendo el sentido de la vida por nosotros mismos. Por supuesto que estamos ante una sociedad donde cada uno compite por ser el mejor, en este sentido el error nos muestra una gran verdad, el hombre perfecto no existe. Es por eso que no hay que tener miedo a dejar de intentarlo por temor a equivocarse y nunca hay que arrepentirse de las decisiones que tomamos, pensando que lo podíamos lograr.La vida es un constante desafío y debemos afrontarlo con la consigna de que nos podemos equivocar, pero ese error puede transformarse en la plataforma para alcanzar nuestras metas. Solamente las personas que poseen un tonto orgullo son las que aparentan jamás equivocarse, incluso conspiran para que el error de otra persona parezca aún mayor de lo que es. Estas personas en el fondo están envueltas en un manto de inseguridad y nunca intentarán ir más allá por temor a equivocarse. Siempre pienso que los traspiés que se cometen, tanto en nombre del amor como en los proyectos, no son errores, sino experiencias que nos enseñarán esa realidad que no lo supimos observar en un primer momento. Ante las situaciones más apremiantes, siempre podemos recurrir a los consejos de nuestros padres o personas de nuestra entera confianza para exponer algún desacierto que nos ha ocurrido, ellos nos aconsejarán sobre esas situaciones, que quizás en otro contexto también le han ocurrido y nos enseñarán mostrándonos sus antiguos errores. Esta es la manera que en nosotros aprenderemos de los errores ajenos para no cometerlos, de esta forma y sin arriesgarnos encontraremos la solución a ese problema. Hagamos lo que hagamos el error siempre estará presente, pero no tengamos miedo a equivocarnos, siempre debemos tener la firme convicción de volver a intentarlo. Quizás estaré equivocado, pero es un error y carece de pecado.Por Raúl Saucedo – [email protected]
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