La ciudad en su conjunto es un atractivo en sí misma, fundada en 1561 por Pedro del Castillo, la gastronomía ocupa un papel fundamental, en los hoteles con su comida internacional y en los pequeños restaurantes típicos y tradicionales de platos exquisitos. La variedad es extensa: desde asados y empanadas criollas hasta comidas étnicas de origen oriental, español o italiana, regadas con los mejores vinos de nuestra tierra.El 30 de octubre de 1987, esta ciudad fue nombrada como Capital Internacional del Vino por la OIV y también designada 8ª Capital Mundial del Vino, forma parte de una Red Mundial junto a otras famosas ciudades vitivinícolas como Bordeaux o Florencia, entre otras, hecho que coloca a los vinos mendocinos en una inmejorable posición en el mundo, siendo su variedad insignia el “Malbec”. Además, la Ciudad se posicionó entre las 21 Ciudades Maravillosas del mundo en el concurso “New 7 Wonders Cities”.Posee una dinámica actividad artística y cultural: teatros, museos, galerías de arte y muestras de artesanías enriquecen la oferta cotidiana. Abierta y siempre viva, los pubs, locales para distenderse y bailar, teatros, cines y casinos, permanecen abiertos hasta altas horas de la noche. La Ciudad es el punto de partida ideal para realizar excursiones hacia los importantes atractivos turísticos de la provincia, como los Caminos del Vino, la montaña, ríos, termas y reservas naturales. Por todo esto, la Ciudad de Mendoza, invita al visitante a reencontrarse con la naturaleza, la historia, nuevos amigos y por qué no, consigo mismo.Entre las múltiples propuestas que el viejero puede disfrutar una de las preferidas es la posibilidad de recorrer distintos puntos de la provincia, entre ellos los Caminos del Vino, a bordo de la vieja ranita de Citroën. Ideal para los nostálgicos.La historia del “Coche Rana”, como se bautizó popularmente el antiguo Citroën 3CV, remite a la creación en el año 1934 de este vehículo cuyo fin era que los pequeños productores franceses pudiesen mover de un lugar al otro sus productos por caminos que hoy serían poco recomendados. A casi 80 años de esa inolvidable creación, es posible recorrer los Caminos del Vino y las Bodegas a bordo de una pequeña flota de estos singulares autos. La idea surgió para que la oferta vitivinícola de Mendoza tuviese un atractivo turístico más. Recorrer Mendoza en estos autos es un lujo que pueden permitirse sólo aquellos que logren desprenderse de nuestra adicción al confort total y tengan el coraje de pasear sin apuros con un rumbo fijado a medias. Estos Citroën están llenos de historias, desbordan diseño y prácticamente no gastan combustible, por lo que resultan más que ideales para lanzarse a la aventura.
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