Variadas son las actividades que se realizan con el propósito de conservar el arroyo Itá, uno de los más importantes de Posadas, que nace en la chacra 63 y desemboca en la bahía El Brete, pero eso no resulta suficiente para frenar la cantidad de residuos arrojados en su curso, que van en aumento.En una recorrida de PRIMERA EDICIÓN por el arroyo, en sus distintos tramos se pudo constatar las bolsas de basura flotando, estancadas en alguna rama o bien en la costa, con la contaminación que ello genera. Restos de lavarropas, heladeras, sillas de plástico rotas semisumergidas, latas, botellas de plástico, liñadas, son solamente algunos de los elementos que impactan a la vista. Lo peor son restos de animales, en especial canes o gatos que yacen en el mismo. Aves de distintas especies, árboles, plantas, peces, mariposas, cuises, insectos, le dan vida a la reserva que para muchos pasa desapercibida pero que se trata de uno de los últimos reductos ecológicos de la capital provincial, que debería ser apreciado y valorado con mayor conciencia por toda la población.De acuerdo a los datos recabados por este medio, existe una mesa de gestión que se conformó hace poco más de un año, integrada por representantes de distintos entes con el propósito de recuperar el paisaje costero y proteger la flora y la fauna de esa zona. Pero para que eso empiece a dar sus frutos, señalan que falta mayor concientización de la población.La Comuna dispuso hace poco tiempo la recolección domiciliaria de residuos, prácticamente todos los días de la semana. “Es una buena iniciativa, un paso fundamental para evitar que se acumule la basura sin ser retirada del frente de las casas. Y aunque a muchos les cueste creer, esas bolsas cargadas de residuos en cercanías del Itá, cuando llueve terminan siendo arrastradas por el agua”, indicó uno de los referentes de la reserva.Peces muertosA través de las redes sociales, numerosas personas comprometidas con el cuidado del medioambiente y que conocen a fondo la problemática del Itá, advirtieron en los últimos días la presencia de algunos peces muertos en el curso del Itá. “Residuos de todo tipo y muerte! Sí, muerte de peces por contaminación! ¿Qué futuro le espera a nuestra querida Reserva Urbana? Tenemos que luchar por cambiar esta espantosa realidad”, escribió Haydee Cabassi, una apasionada por el avistaje de aves y que colabora en forma permanente con dicha reserva.
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