Una situación procesal difícil es la que pesa sobre las espaldas del sargento ayudante de la Policía de Misiones detenido en Buenos Aires desde noviembre último por narcotráfico. En las últimas horas, la Justicia Federal agregó al expediente parte de las conversaciones que el efectivo mantenía con un contacto agendado en su teléfono como “Police”. De las mismas surgen detalles que señalan directamente y complican al uniformado misionero.Mediante sus fuentes, PRIMERA?EDICIÓN pudo acceder a parte del expediente que se sustancia en San Martín y recopiló algunos textuales, tanto enviados como recibidos, que surgen de la pericia a los teléfonos secuestrados en la causa. Para la Justicia, al menos en la etapa de instrucción, de esas comunicaciones “surge a las claras que el sargento ayudante viajó desde la Provincia de Misiones con el fin de comercializar estupefacientes”.Todo está en el teléfonoLa detención del uniformado tuvo lugar el martes 15 de noviembre de 2016. Ese día, alrededor de las 15.30, el policía y un joven que lo acompañaba fueron apresados en una finca de la calle Almirante Brown casi Guatemala de Tortuguitas, en el partido bonaerense de Malvinas Argentinas, a 45 kilómetros de Capital Federal.Personal policial que investigaba a la banda y realizaba vigilancia encubierta en la zona notó la llegada de un Chevrolet Celta gris al inmueble. Enseguida, según reza la reconstrucción judicial, salieron del inmueble dos sujetos -sería el policía misionero y el joven acompañante-que se reunieron en la vereda con un tercero. Entonces extrajeron un bolso negro y rojo del que sacaron un “ladrillo” de marihuana. El final es conocido: tras una persecución, los dos misioneros y un paraguayo fueron detenidos. Entre la droga secuestrada en el automóvil y la finca, había más de 30 kilos de “cannabis”.La conversación o chat que surge del expediente y al que pudo acceder PRIMERA?EDICIÓN data de apenas minutos antes de la aprehensión del uniformado misionero, momentos en que primeramente festejaba la llegada a Buenos Aires con el cargamento y luego recibía “instrucciones” sobre lo que tenía que decir si alguien le preguntaba por el viaje.No está claro aún para la Justicia Federal quién es el interlocutor de esos mensajes. Lo único que se sabe hasta el momento es que el sargento ayudante dialogó vía mensajes con un contacto al que tenía agendado en su teléfono bajo el alias de “Police”.“Felicitaciones (…) No va a ser el último”, celebran las partes, tras lo cual se alientan a continuar con los envíos. “No va a ser el último, para hacer de a poco, nosotros te vamos a dar a vos”, le prometen desde el otro lado de la línea, tras lo cual le recuerdan que debe mantenerse lo más hermético posible:?“callado”.Después de eso, el policía apresado le cuenta a su interlocutor las peripecias de la travesía de casi mil kilómetros desde Posadas a Tortuguitas con la marihuana oculta en el interior del rodado. “Nueve horas llevé porque estaba lloviendo, me atrasé un poco”, se excusa el imputado. Un cálculo simple permite inferir que el Celta salió de Misiones alrededor de las seis de la mañana de ese mismo día.Posteriormente, el conductor ennumera los controles ruteros que logró cruzar sin que le revisen el automóvil. “Diecisiete controles pasé”, narra, y pone en evidencia una realidad: muchas veces, por negligencia o connivencia, la droga pasa frente a los ojos de las autoridades sin ser vista.Sobre el final de esa charla, “Police” le brinda una última recomendación para evitar ser descubierto. “No le digas a nadie que vos viajaste, que vos te fuiste allá”, exige, tras lo cual, en el peor de los casos, le implora que solo admita que fue a recoger algo. “Fuiste a buscar algo, pero no que llevaste nada, sabés”, le recomienda. De nada sirvieron esos consejos: mientras el policía misionero respondía, sus pares de Buenos Aires lo seguían sigilosamente.
Discussion about this post