En promedio, cada una tiene crédito por alrededor de un millón de pesos. Se quejan porque cobran con demoras y sin sumar intereses. Pero sufren intimaciones de EMSA: si se atrasan deben pagar recargas.
Desde hace muchos meses viene creciendo el malestar de las 53 cooperativas de agua enroladas en la Federación Misionera (FEMICAP) a raíz de las abultadas deudas que mantiene el Gobierno provincial por el suministro de agua potable a los organismos públicos como escuelas, comisarías, hospitales y centros de salud, entre otros.
El problema se agrava porque la empresa EMSA las intimó a que se pongan al día con las deudas por consumo energético y, a las que se atrasan, les cobra con intereses. Pero la situación para los presidentes de las cooperativas es muy injusta, porque no pueden intimar al Gobierno ni tampoco cobrarle con intereses.
Para colmo, por lo bajo, varios cooperativistas consultados coincidieron en que el presidente de la FEMICAP, Juan Carlos Gutiérrez, no realiza los reclamos como debería ser. En su entorno afirman que Gutiérrez es clossista y tuvo el apoyo del exgobernador para llegar al cargo. Es oriundo de Aristóbulo del Valle y tiene muy buena relación con el padre de Mauri.
En las últimas dos reuniones (una la semana pasada) hubo amargas quejas por la situación económica que padecen. Las cooperativas de agua hacen una factura cada tres meses por el agua que consumen los organismos públicos.
Desde el momento que hacen la factura pasan dos meses más, tiempo que debería demorar el expediente y luego de eso deberían cobrar el cheque. Ocurre que están teniendo pagos pendientes sin cobrar durante un año, año y medio y hasta dos años en algunos casos. Por ejemplo, el presidente de una cooperativa fue a cobrar una factura de casi 150 mil pesos y le dieron un cheque por menos de 30 mil.
El promedio de la deuda con casi todas las entidades va desde un millón a un millón y medio de pesos, en general. Por no poder cobrar ese dinero, tampoco pueden pagar muchas deudas y la principal es con EMSA que les aplica intereses. Por ejemplo, una deuda de 500 mil pesos se incrementa a 650 mil por los intereses.
Pero el Gobierno provincial les debe millones y las cooperativas no logran la misma actualización por el tiempo transcurrido sin que les paguen. Por lo tanto pierden dinero porque cobran en cuotas, con retrasos y sin intereses.
En el momento que reciben el dinero vale mucho menos que cuando emitieron la factura. Por citar otro ejemplo, una cooperativa de la Zona Centro pagaba 70 mil pesos de luz hace cinco meses y en la última factura de EMSA le cobraron casi 250 mil pesos. Es imposible hacer frente a estos números, somos la mayoría cooperativas chiquitas y no podemos aumentar la tarifa a nuestros usuarios porque dejan de pagar, advirtió uno de los afectados.
Además del pago de las deudas, las cooperativas quieren que la Provincia pague en forma puntual de ahora en adelante. Las pequeñas tienen otro problema: pagan la energía más cara que las cooperativas grandes, como Oberá, Eldorado y Alem.
Las cooperativas más chicas pagamos precio minorista, como un usuario común, mientras que las cooperativas más grandes pagan un precio menor porque son distribuidoras y le agregan la recarga a sus boletas. Entonces lo que pedimos las cooperativas más chicas es que nos cobren el mismo precio de la energía que las cooperativas grandes porque nosotros no podemos trasladar los aumentos a los usuarios es un servicio público y vital, se manifestó otro cooperativista, en conversación telefónica con PRIMERA EDICIÓN.
Nuestro planteo es que brindamos un servicio público que no podemos aumentar mucho. Siempre pedimos que EMSA nos venda energía al mismo precio que a las eléctricas porque nos están cobrando como usuario común. Pedimos encasillarnos como servicio público con el precio más barato, agregó el dirigente consultado.
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